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Super Habilitado Nacional

Una forma de entender la Diputación.

Ana Victoria Burgos

El pasado 25 de septiembre tuve la oportunidad de participar como ponente en el II Congreso Nacional de Servicios de Asistencia a Municipios, celebrado en el Parque de las Ciencias de Granada.

Cuando comencé a preparar mi intervención me hice una pregunta: ¿qué podía aportar desde Intervención a un Congreso dedicado a la asistencia a municipios?

Y precisamente de esa pregunta nació el título de mi ponencia: Una forma de entender la Diputación.

Porque para mí la asistencia a municipios no es solo un servicio, un área o una competencia de una Diputación. Es algo más.

Es una forma de entender la Diputación. Una mirada transversal que implica a toda la organización.

Un equipo con un propósito

Y para explicar esta idea recurrí a algo aparentemente alejado de la Administración: el fútbol.

En un equipo cada persona ocupa una posición y desempeña una función diferente. Unos defienden, otros distribuyen el juego, otros crean oportunidades y otros tienen como misión marcar goles. Cada uno sabe qué tiene que hacer y puede llegar a estar enormemente especializado en ello.

Pero ninguna de esas funciones explica, por sí sola, para qué existe el equipo.

Podríamos decir que su objetivo inmediato es ganar el partido. Pero incluso detrás de ese objetivo existe un propósito más amplio: emocionar, entretener, hacer disfrutar a las personas que están al otro lado.

Y esa reflexión podemos trasladarla a nuestras Administraciones.

En un Ayuntamiento también conviven profesionales con funciones muy diferentes. Unos gestionan, otros asesoran, controlan, informan, contratan, recaudan, planifican… Cada uno ocupa su posición dentro de ese particular equipo que es una entidad local.

Pero una cosa es lo que hacemos y otra distinta para qué lo hacemos.

El objetivo de un Ayuntamiento es prestar servicios públicos. Su propósito, sin embargo, va mucho más allá: mejorar la vida de sus vecinos.

¿Y una Diputación?

La lógica es la misma, aunque su dimensión y sus mayores medios permiten una especialización mucho mayor. En ella encontramos áreas, servicios y profesionales muy diferentes, cada uno desarrollando sus propias funciones y aportando su conocimiento especializado.

Su objetivo es asistir y cooperar con los municipios para garantizar la adecuada prestación de los servicios, especialmente en aquellos municipios más pequeños, donde las estructuras administrativas son más reducidas y los recursos humanos y materiales necesariamente más limitados.

Pero tampoco ese es el fin último.

El propósito sigue siendo el mismo: contribuir a mejorar la vida de las personas que viven en nuestros municipios.

Una mirada transversal

Y es precisamente desde ese propósito compartido desde donde entiendo la asistencia municipal.

Si todos trabajamos para un mismo fin, la asistencia no puede quedar encerrada en un único servicio o área de la Diputación.

Intervención puede asistir. Contratación puede asistir. Recursos Humanos puede asistir. Informática puede asistir. Secretaría puede asistir. Y lo mismo puede hacer cualquier otra área de la organización.

Cada una desde su especialización, desde aquello que sabe hacer y desde la experiencia que ha ido acumulando.

Por eso, la pregunta deja de ser únicamente «¿qué funciones tengo?» para convertirse en otra mucho más interesante:

¿Qué puedo aportar desde mi puesto a nuestros municipios?

Puede ser una herramienta. Una experiencia. Un procedimiento. Una idea. Una forma de hacer las cosas.

De ahí surge una de las principales ideas que quise compartir durante mi intervención:

La asistencia a municipios no es solo un servicio, un área o una competencia. Es una forma de entender la Diputación.

Una forma de mirar hacia fuera y de poner el conocimiento, la experiencia y la capacidad de toda la organización al servicio de nuestros municipios.

Ayudar sin generar dependencia

Pero esta manera de entender la asistencia exige también plantearnos cómo queremos ayudar.

Y aquí hay una idea que para mí resulta esencial: la asistencia no debe generar dependencia; debe generar capacidad.

Ayudar no significa necesariamente resolver permanentemente los problemas de otro. También podemos ayudar compartiendo herramientas, transmitiendo conocimiento, formando, acompañando y consiguiendo que la organización que recibe nuestra asistencia tenga cada vez más capacidad para afrontar sus propios retos.

Porque el verdadero valor de la asistencia no está únicamente en solucionar el problema de hoy. Está también en contribuir a que mañana ese Ayuntamiento disponga de más herramientas para resolverlo.

Compartir y formar

Y entonces volví a la pregunta con la que había comenzado a preparar mi intervención: ¿qué podemos aportar desde Intervención?

Mi respuesta terminó resumiéndose en dos palabras: compartir y formar.

Compartir aquello que vamos aprendiendo en nuestro trabajo: guías, modelos, criterios, herramientas, procedimientos y experiencias que hemos ido construyendo y que pueden servir como punto de partida para otras entidades.

No para trasladarlos automáticamente, porque cada Administración tiene su propia realidad, sino para evitar que cada Ayuntamiento tenga que empezar siempre desde cero. Compartir lo que funciona permite que otros puedan tomarlo como punto de partida, adaptarlo, mejorarlo y, quizá, volver a compartirlo.

Y formar.

Pero formar no solo para transmitir conocimientos o explicar normas. También para ayudar a comprender por qué hacemos las cosas, acercar el control interno a quienes gestionan y avanzar hacia una forma de trabajar en la que gestión y control no se perciban como dos mundos enfrentados, sino como partes de una misma organización que persigue un mismo fin.

De esta forma de entender el trabajo han surgido iniciativas como las guías prácticas de Control Financiero No Planificable o acciones formativas como Interventor por un día, con las que intentamos acercar el control interno a la realidad de la gestión y avanzar hacia una cultura basada en la planificación, la colaboración y la mejora continua.

Porque hay otra idea en la que creo profundamente: el conocimiento público también debe ponerse al servicio de lo público.

En nuestras Administraciones se genera muchísimo conocimiento. Encontramos soluciones, diseñamos procedimientos, elaboramos modelos, cometemos errores, aprendemos de ellos y construimos herramientas que nos permiten trabajar mejor.

Cuando todo ese conocimiento permanece únicamente dentro de nuestra organización, tiene valor. Pero cuando lo compartimos, su capacidad de generar valor se multiplica.

Quizá ahí encontremos una de las grandes fortalezas de una Diputación: en su capacidad para conectar municipios, compartir conocimiento, trasladar experiencias y generar capacidad.

Volver al propósito

Y al final de la ponencia quise volver al punto de partida: al propósito.

En la Administración podemos llegar a estar enormemente especializados. Podemos perfeccionar procedimientos, elaborar mejores informes, diseñar mejores controles, gestionar mejor los presupuestos o tramitar con mayor eficacia.

Todo eso importa.

Igual que en un equipo de fútbol importa defender bien, distribuir el juego o marcar goles.

Pero existe el riesgo de que la especialización, los procedimientos y las urgencias del día a día nos hagan perder de vista la pregunta más importante:

¿Para qué hacemos lo que hacemos?

Ahí está, para mí, una de las claves de la vocación de servicio público: no confundir nuestras funciones con nuestros objetivos y tampoco nuestros objetivos con nuestro propósito.

Gestionamos, asesoramos, controlamos, contratamos, recaudamos, planificamos, informamos.

Prestamos servicios. Asistimos y cooperamos con nuestros municipios.

Pero lo hacemos con un propósito último: mejorar la vida de las personas.

Y quizá en la Administración Local esta idea resulte todavía más evidente porque es, precisamente, la Administración que toca la vida real.

La que está más cerca de las personas, de sus necesidades cotidianas y de los servicios que forman parte de su día a día.

Por eso quise terminar mi intervención con una idea muy sencilla que, en realidad, resume todo lo anterior:

No confundir lo que hacemos con aquello para lo que lo hacemos.

Podemos desempeñar funciones diferentes. Podemos trabajar en áreas distintas. Podemos estar enormemente especializados.

Pero todos formamos parte del mismo equipo y compartimos un mismo propósito: servir y contribuir, desde nuestro lugar, a mejorar la vida de las personas.


Eso es, para mí, una forma de entender la Diputación.