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Super Habilitado Nacional

La casilla de salida. Empezar el camino como Habilitado Nacional.

Ana Victoria Burgos

Hay momentos en nuestra trayectoria profesional que se recuerdan especialmente. Y el comienzo es, sin duda, uno de ellos.

Tuve la suerte de participar en la jornada de bienvenida organizada por COSITAL Valencia para la nueva promoción de habilitados nacionales, un encuentro pensado para acompañar a quienes comienzan su trayectoria profesional en la Administración Local y acercarles a la realidad de una profesión tan exigente como apasionante.

Durante la jornada pude presentar mi libro, Cómo afrontar la profesión de Habilitado Nacional sin morir en el intento, y quise hacerlo utilizando una imagen que para mí representa muy bien ese momento: un tablero de juego.

Porque quienes acababan de llegar se encontraban precisamente ahí.

En la casilla de salida.

Aprobar no es la meta

Después de meses —y muchas veces años— de estudio, esfuerzo, renuncias, temas, exámenes y nervios, aprobar puede parecer la meta.

Pero con el tiempo descubres que era justo lo contrario.

Era el comienzo.

Un tablero lleno de casillas

A partir de ese momento aparece delante de nosotros un enorme tablero lleno de casillas que todavía desconocemos: el primer destino, el primer expediente complicado, la primera decisión difícil, el primer reparo, la primera vez que tenemos que defender nuestro criterio, el primer error, el primer compañero al que llamamos porque no sabemos qué hacer…

Y también llegan los cambios de destino, los proyectos, las personas que nos enseñan, aquellas a las que nosotros conseguimos ayudar, los buenos momentos y otros no tan buenos.

Porque detrás de cada plaza, cada expediente y cada decisión hay mucho más que Derecho, economía o procedimiento.

Hay personas, aprendizaje, responsabilidad, vocación y, muchas veces, también dudas, vértigo e incertidumbre.

Ningún temario puede prepararnos completamente para todo eso.

La oposición nos proporciona una extraordinaria base de conocimiento. Pero ejercer es otra cosa. La profesión se aprende también recorriéndola.

Cómo queremos recorrerlo

Y precisamente por eso me gusta tanto la metáfora del tablero.

Cuando comenzamos no sabemos qué casillas vamos a recorrer. Probablemente tampoco sepamos dónde terminaremos profesionalmente. Pero sí podemos empezar a decidir cómo queremos recorrerlas.

Podemos elegir ejercer con honestidad.

Con humildad para seguir aprendiendo.

Con responsabilidad.

Con vocación de servicio público.

Podemos decidir qué tipo de compañeros queremos ser, cómo queremos relacionarnos con las personas con las que trabajamos y qué huella queremos dejar en cada organización por la que pasemos.

Y podemos decidir también algo que a veces olvidamos cuando hablamos de una profesión tan exigente: disfrutar del camino.

Porque habrá casillas difíciles. Algunas nos harán retroceder. Otras nos obligarán a parar. Habrá momentos en los que pensaremos que hemos tomado el camino equivocado y otros en los que tendremos la enorme satisfacción de comprobar que nuestro trabajo ha servido para mejorar algo.

Y también habrá casillas preciosas.

Para mí, aquella jornada en Valencia fue una de ellas.

Poder compartir ese momento con quienes estaban comenzando, hablarles no solo de las funciones que iban a ejercer sino de todo lo que rodea a esta profesión, y hacerlo acompañada de compañeros que me hicieron sentir como en casa fue uno de esos pequeños regalos que también aparecen inesperadamente en nuestro propio tablero.

Por qué escribí el libro

Y quizá ahí esté también una de las razones por las que escribí el libro.

No para explicar cómo debe ejercerse la Habilitación Nacional. Ni para proporcionar respuestas para todas las casillas.

Sino para acompañar.

Para compartir experiencias, dudas, errores y aprendizajes que puedan resultar útiles a alguien cuando llegue a determinadas partes del camino.

Porque hay algo que también he aprendido recorriendo mi propio tablero: no tenemos por qué recorrerlo solos.

Tenemos compañeros. Personas que ya pasaron por determinadas casillas antes que nosotros. Personas a las que llamar cuando tenemos una duda. Experiencias que compartir. Y una profesión que se hace más fuerte cuando somos capaces de generar redes, ayudarnos y transmitir lo que vamos aprendiendo.

Por eso me parecen tan importantes iniciativas como las jornadas de acogida.

Porque recibir a quienes llegan también dice mucho de una profesión.

Decirles que, junto a la responsabilidad que están a punto de asumir, encontrarán compañeros dispuestos a acompañarlos.

Que no necesitan saberlo todo desde el primer día.

Que pueden equivocarse, preguntar y seguir aprendiendo.

Y que aprobar la oposición no los ha llevado al final de nada.

Los ha colocado en una maravillosa casilla de salida.

La oposición se aprueba. La profesión se recorre.

La primera casilla

Con los años iremos acumulando destinos, experiencias, conocimiento y criterio. Algunas casillas cambiarán incluso nuestra forma de entender la profesión y probablemente también nuestra forma de entendernos a nosotros mismos.

Pero espero que, por muchas casillas que avancemos, nunca olvidemos aquella primera.

La ilusión.

El vértigo.

Las ganas de hacerlo bien.

Y, sobre todo, para qué decidimos empezar a jugar esta partida.

A todos los que acabáis de llegar:

Bienvenidos al tablero.
Y, sobre todo, bienvenidos a una profesión con alma.